Tras las huellas el padre

 

Huellas y tips  para dejarlas.

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El papel de la madre en muchas culturas (si no es que en todas), tiene un papel privilegiado ya que es gestadora de vida, en ella la naturaleza posa atributos que posibilitan decididamente la crianza, además es la madre la que socialmente asegura la propagación del linaje. Son exquisitamente abundantes las características y cualidades que poseen las madres, pero cómo podríamos abordar el tema de la maternidad sin un padre que sembrará vida en el vientre de cada mujer que decide ejercer el derecho de la maternidad.

 

Es justo aquí cuando el padre toma una figura por demás crucial en la existencia de cada ser humano. La gran influencia que tiene su presencia activa y constante en el desarrollo físico y emocional de los niños y la importancia de establecer un vínculo sólido de afecto, comunicación y cercanía. La experiencia de la paternidad tiene un rol de referencia en muchas implicaciones, por tal motivo nuestra historia de vida adquiere revuelo a partir de sucesos que nos marcan e imprimen carácter, dejando una huella imborrable en cada uno de nosotros.

 

  1. “Cuestión de x o y”. Marca nuestra genética, pues es una célula de papá la que define  que un persona sea varón o mujer.
  2. “Sanchez” o “Torres”. Sentido de pertenencia, ya que es el apellido de nuestro progenitor lo que hace que socialmente seamos registrados y reconocidos. Aun en los casos en los que la crianza es exclusiva de la madre, por no asumir la paternidad, es el apellido del abuelo con el que se registra al niño, y en muchos casos, es el abuelo, tío o alguien de la familia, a quien el niño adjudica la figura paterna.
  3. “Develdor de la madre” las características psicológicas y de comportamiento, como la voz, el olor la complexión física, la manera de ser cargado, etc., son elementos que permiten al niño reconocer más fácilmente a la madre. Precisamente fungen una función de diferenciación, sin la cual el niño experimenta una sensación de vacío y angustia. Esta alternancia en estos estados emocionales, propician la relación con la madre y la catapulta decisivamente.
  4. “Brújula de identidad” El padre es el primer referente masculino que tienen los hijos. Cuando esta identificación es adecuada, tanto los niños, como las niñas tienen mayores posibilidades de estructurar plenamente su identidad, como mujeres y hombres, “ser como papá, cariñoso, seguro y fuerte…. para aspirar a una esposa”, “ser como mamá para tener un esposo como él”. Además, aprender cómo reaccionar, qué esperar y cómo tratar a las personas con las que se relacionan a lo largo de la vida.
  5. “Expertos en relaciones”. La madre por el vínculo gestacional siempre será quien acepte sin condiciones, sin embargo, el padre influye y provoca la disposición a las relaciones sociales. Si la relación con tu padre es íntima y amistosa, podrás tener una relación sana y psicológicamente estable con tus amigos en el futuro, incluso con tu pareja. La calidad entre esta relación será transmitida más tarde a través de los lazos que establezcas con las demás personas.
  6. “Jugar para aprender a hablar” El juego es el ambiente ideal para que un niño experimente y exprese necesidades, ya que es seguro y natural. Por tanto debido a que se crean lazos que producen intercambio de conocimiento. Es muy probable que exista una conversación, una transmisión de algún de mensaje, un “feedback” o una retroalimentación, según la cantidad y calidad de juego con papá un niño desarrolla habilidades imprescindibles para expresarse.
  7. “El despertador moral” El padre es el representante de la sociedad, el que transmite “el deber ser”, la norma, aquellas cosas que, si bien son difíciles de asimilar en etapas tempranas del desarrollo, no por ello son menos importantes para una buena adaptación a la vida futura. Por este motivo, si éste lleva a cabo esta tarea de forma autoritaria, los hijos tendrán más dificultades en la adaptación a las reglas y, por el contrario, si es contenedor, un guía, pero con afecto, este aprendizaje será más fácil y de mayor adaptabilidad a las normas de conducta en diferentes escenarios y momentos de vida.
  8. “Dador de poder”. Los recién nacidos tienen una relación estrecha con la madre, sostenida en la satisfacción de necesidades primarias (ser alimentado, asegurar el sueño, ser aseado….),  tanto del proceso de separación-individuación de la madre y el desarrollo de la autonomía e independencia del hijo, son un regalo auspiciado bajo la presencia del padre; él es quien provoca otras experiencias y suscita necesidades secundarias (seguridad física, reconocimiento..)

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Esto significa que, con un poco de voluntad, mucho amor y otro tanto de paciencia, es posible aprender a ser padres que dejen huella.  No se tiene un manual de cómo serlo debajo del brazo y mucho menos en estos tiempos. Pero algunas actitudes contribuyen a este propósito:

Ser una autoridad firme, constante y comprensiva, lo que se traduce en establecer límites, resolver a tiempo los problemas, evitar los castigos físicos y las recompensas permanentes (no solucionarlo todo con regalos o dinero) y dar ejemplo de las actitudes y valores que se quieren formar. Es ser una guía y control para los hijos, pero dentro de una relación basada en el respeto.

Compartir con los hijos, jugar con ellos, hacer deporte, conversar, hacer chistes, son actividades que todos los niños disfrutan con sus padres y que, además, los hace sentir que el papá no solo es alguien distante que llega agotado de trabajar y al que solo hay que rendirle cuentas de cómo se comportan durante el día.

El amor de un padre a su hijo se expresa a través de muchas maneras: mostrar interés permanente en conocerlos, ser sensible a sus necesidades emocionales; exigirle lo esperado para su edad y personalidad, estimularlo a mejorar, a tener metas y a esforzarse por alcanzarlas, aceptar que se puede equivocar y confiar en lo que el niño o joven elija.

Compartir con los hijos no es necesariamente salir de paseo, pasar interminables jornadas en el centro comercial, ir al cine o estar todo el día en la calle con ellos. Los buenos momentos en casa dejan en ellos huellas imborrables. Una simple sonrisa, una palabra, una palmadita de aprobación en la espalda o un abrazo tienen el poder de transmitir reconocimiento, atención y afecto.Padre3

Ser un modelo digno de imitar. Los niños perciben a través de su comportamiento cómo tratar a los demás, cómo enfrentar los problemas y frustraciones, si actúa con dignidad etc.

 

En fin, existen muchas razones para construir una relación de confianza, amor y cercanía entre padres e hijos, pero sobre todo que éstos últimos constituyen una fuente inmensa de disfrute y alegría que los padres no deberían perderse.

 

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