La proyección empieza cuando olvidamos que nosotros somos los encargados de crear nuestras vivencias. Cuando nos proyectamos suponemos que los demás y el mundo son responsables de nuestros pensamientos, sentimientos y de todo lo que nos sucede. La proyección ofrece muchas formas:
Ejemplos de la vida real:
- Un hombre acusa a su esposa de flirtear con otros hombres en una fiesta y se origina una pelea. Al aclarar la situación a fondo una semana después, sale a relucir que en esa fiesta él se había sentido muy atraído por una mujer, pero había reprimido el sentimiento y entonces se había obsesionado con el aspecto sexual de la interacción de su esposa con otros hombres.
- Una mujer se queja de que su cónyuge le critica demasiado. Más tarde se da cuenta de que cada vez que da un paso arriesgado oye en su interior una fuerte voz que se burla de ella.
- Una persona tiene una serie de enfrentamientos con gente enojada, y de pronto, cae en la cuenta de que la enojada es ella, con lo cual el enojo de la gente comienza a desaparecer.
La proyección puede consistir en negarnos para nosotros alguna cualidad positiva que vemos en otros. Los sentimientos de competencia suelen resultar de ver en otro algo que nos gusta y que desearíamos tener. Pero en lugar de abrirnos y ponernos en disposición de lograrlo, nos damos por vencidos antes de tiempo y pensamos cosas tales como “Bueno, después de todo no me gustaría realmente ser así” o, “Seguramente ha pisoteado a mucha gente para llegar ahí”.
De igual forma, a veces proyectamos en la relación algún conflicto personal. Por ejemplo si necesito tener más poder de decisión pero temo ejercerlo, quizás empiece a sentir que la relación me coarta, que mi pareja tiene mucho poder y me domina.
Un aspecto de la proyección que se encuentra con mucha frecuencia en los enredos es la ausencia del desarrollo de las facetas masculina y femenina en ambos. Todos, hombres y mujeres, debemos desarrollarlas, es decir, tener una relación saludable con los rasgos tradicionalmente considerados femeninos: sentimientos, intuición, compasión, visión global de la vida. Y también con los masculinos: sociabilidad, expresividad, solución de problemas, función específica.
Un hombre completo está en contacto con sus sentimientos; una mujer completa se desenvuelve bien en el mundo. La mayoría tenemos que trabajar mucho para lograr el perfecto desarrollo de ambos aspectos.
Cuando el equilibrio está roto quizás tratamos de compensar lo que nos falta uniéndonos a alguien que lo tiene.
COMO ELIMNAR LA PROYECCIÓN
La clave para deshacerse de la proyección está en que ambos asuman total responsabilidad por los incidentes y sentimientos que surjan en la relación. Esta sola intensión propicia que todo cuanto acontezca en la relación contribuya al crecimiento de la misma.
Para descubrir que es proyección y que no lo es tenemos que estar dispuestos a considerar todo como proyección, eso nos permitirá saber si nos estamos proyectando.
Cuando descubrimos el gran poder de la proyección, lo profundamente que influye en nuestra cosmovisión, la respuesta inmediata es a menudo una furiosa negativa. Puede resultar exasperante saber que hemos estado creando una realidad llena de sufrimiento, desavenencias y desperdicios. Debemos reconocer estos sentimientos para liberarnos de nuestras viejas formas de vivir.
Son de mucha utilidad preguntas como estas:
- ¿Dónde y cuándo aprendí a ver las cosas así?
- ¿Qué siento en el cuerpo?
- ¿Siento miedo? ¿Ira?, ¿tristeza?
- ¿Siento que me estoy ocupando de mis sentimientos ahora mismo?
- ¿En caso negativo.. quién los está causando?
- ¿Estoy siendo sincero de verdad conmigo mismo? Y con mi cónyuge?
- ¿Estoy ocupando la totalidad de mi espacio o me estoy achicando a mi mismo?
- Qué quiero lograr en esta situación?
Aquellos que aceptan sus aspectos masculino y femenino están dispuestos a responder de todo su potencial y sentimientos, son personas completas.
