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El castigo se podría definir como aquella acción realizada por una persona que provoca aversión o desagrado en otra y que tiene como finalidad eliminar o corregir una conducta o comportamiento molesto o inadecuado. La mayoría de las personas tenemos conceptos fijos sobre el castigo. Uno de ellos es la noción de que el castigo debe acompañarse de cierta dosis de incomodidad. Sobre esto mismo, muchas personas creen que, dentro de ciertos límites, entre mayor es la incomodidad del castigo, más claramente recibe el niño el mensaje. Pero esto es erróneo ya que entre más dolorosa sea la experiencia (física o moral) para el pequeño, menos probable es que escuche el mensaje. Por ejemplo: el castigo físico causa dolor y puede ser “efectivo” momentáneamente pero también puede dañar el vínculo, generando desconfianza y resentimiento en los niños. Además es peligroso ya que es posible que el mensaje que estén recibiendo nuestros hijos sea que quienes los aman tienen derecho a dañarlos físicamente. En muchas ocasiones, castigar es “inevitable”. Por eso es importante aprender cómo y cuándo hacerlo. Descarga el articulo completo aquí
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